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El costo de la improvisación sísmica en el Perú

  • Foto del escritor: María Marcelo
    María Marcelo
  • 23 jun 2025
  • 2 min de lectura

La falta de prevención frente a los sismos no solo pone en riesgo vidas, también expone al país a pérdidas económicas que podrían superar los 40 mil millones de dólares.


Sismo de 6.1 dejó derrumbes en varios distritos. Fuente: Gestión
Sismo de 6.1 dejó derrumbes en varios distritos. Fuente: Gestión

El pasado 15 de junio, Lima volvió a temblar. Un sismo de magnitud 6.1 remeció la capital y, una vez más, nos encontró desprevenidos. Caos, evacuaciones desordenadas, susto generalizado y un deslizamiento de tierra en los acantilados de la Costa Verde que pudo haber terminado en tragedia. Esta escena, que ya parece parte del paisaje limeño, no solo refleja nuestra falta de preparación ante emergencias. También deja en evidencia un problema mayor: el alto costo económico de no invertir en prevención.


Perú está ubicado en una de las zonas más sísmicas del mundo, el Cinturón de Fuego del Pacífico. Sin embargo, seguimos actuando como si los temblores fueran eventos extraordinarios. No contamos con un sistema de alerta sísmica eficiente, los simulacros se realizan sin planificación real, y muchas edificaciones —especialmente viviendas informales— no cumplen con normas antisísmicas. Pero todo esto tiene un precio, y no es bajo.

Fuente: Andina
Fuente: Andina

Según el Banco Mundial, un terremoto de gran magnitud en Lima podría generar pérdidas económicas superiores a los 40 mil millones de dólares. Esto incluye daños a infraestructura crítica, interrupción de servicios, caída en la productividad, y por supuesto, afectación directa a la inversión pública y privada. Las consecuencias no serían solo humanas, sino también devastadoras para la economía nacional.


La informalidad en la construcción, por ejemplo, no es solo un problema urbano o de planificación. Es una bomba de tiempo económica. Edificaciones sin supervisión técnica ni materiales adecuados son altamente vulnerables. Y cada edificio que colapse en un futuro terremoto representará no solo pérdidas humanas, sino también quiebras familiares, pérdidas patrimoniales y una sobrecarga para el Estado, que deberá asumir la reconstrucción.


En el Perú se estima que el 95% de las habilitaciones urbanas son informales. Fuente: Infobae
En el Perú se estima que el 95% de las habilitaciones urbanas son informales. Fuente: Infobae

Además, la falta de protocolos de evacuación bien definidos en centros comerciales, hospitales, empresas e incluso instituciones educativas, interrumpe la actividad económica cada vez que ocurre un sismo. Cada minuto de incertidumbre, cada negocio que paraliza operaciones por no saber cómo actuar, representa una pérdida que se acumula en silencio.


Prevenir no es un gasto, es una inversión. Un sistema de alerta sísmica funcional, planes de contingencia en el sector privado, capacitación constante en centros laborales y fomento de construcciones seguras podrían reducir significativamente el impacto económico de un sismo. Japón es el ejemplo más claro: gracias a su inversión constante en prevención, sus pérdidas económicas por desastres naturales se reducen año a año, incluso enfrentando eventos mucho más intensos.


El Perú no puede seguir reaccionando. Debe anticiparse. La cultura de prevención debe ser parte de la política económica nacional. Invertir hoy en sistemas de alerta, en infraestructura resistente, en educación sísmica y en gestión de riesgos es mucho más rentable que reconstruir después.


Porque cuando llegue el gran terremoto —y llegará—, no solo pondrá a prueba nuestra resistencia como sociedad, sino también la solidez real de nuestra economía.





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